domingo, 11 de diciembre de 2016

El fraude más grande de la historia: El matrimonio

En la cultura occidental es común presenciar desde niños o adolescentes un escenario lleno de flores, una decoración llena de cintas, una multitud de gente vestida de forma muy elegante en una iglesia, que parecen estar disfrutando de ese momento de felicidad y con el ideal de un amor eterno y momentos etéreos, como la que se presencia en ese momento. 

Tanta parafernalia se hace con el único fin del recuerdo, sea en una fotografía, video, arte o las historias contadas. Se decora el presente de forma que quede retratado para que en el futuro sea pasado. El presente nunca se tiene en cuenta, se toma como un momento de oscuridad en el que la felicidad se ve iluminada en el pasado y el futuro. 
Falsa felicidad



No es de extrañar que en los tiempos desde la infancia, adolescencia, en la televisión y las películas occidentales o hollywoodense, tengan en su mayoría un final siempre en el matrimonio y con una vida feliz, quedando introducido inconscientemente este mismo como el gran ideal, dónde se alcanza; supuestamente; el grado máximo de felicidad. 

Por tal motivo se deduce que las personas son muy vacías, y uno de sus motivo de existencia radica en el matrimonio, pensando en la felicidad como una meta y no como parte del camino. Las personas cuya vida casi siempre está en el ciclo de la rutina; sea cual sea su presentación (estudios, trabajo, matrimonio, etc) verán un ideal a seguir y no cómo parte de su deseo real. 

Muchas de estas personas que se casan, tan pronto pasan por el gran momento de felicidad y vuelven a su estado basal, de miseria existencial. Quieren por tal motivo salir de esa rutina y faltan a sus "principios", en busca ese momento que le vuelva a sacar de esa cárcel existencial. El matrimonio se considera unión eterna y precisamente este mismo principio de unión es quienes faltan, las personas que hacen parte del mismo. Semejante hipocresía es la que critico porque existe hoy en día diversas formas de unión abierta y dejando bien claras las cosas desde un principio, se puede disfrutar de estos momentos en plena libertad moral, física e institucional. 

Máscaras de hipocrecía


Si bien hay muchas estadísticas hoy en día, utilizando las brindadas por el periódico "El Tiempo": http://www.eltiempo.com/Multimedia/infografia/cifrasinfidelidad. Le atribuyen a algún problema en la pareja cómo la pérdida de atención, la rutina, la sospecha pero nunca consideran esas mismas como un proceso normal de esperarse en el ser humano, como es el vacío existencial. El matrimonio como tradición religiosa no acepta el divorcio o el volver a casarse, incluso en caso de que la convivencia sea imposible, incluso a pesar de los maltratos, vengan tanto de hombres como mujeres. La moral acaso debe pisotear a una persona por el simple hecho de ser aceptado en las creencias porque se condena de forma drástica la separación, pero nunca se habla de amor propio y por este mismo debe plantearse una pregunta para cada quien ¿Las creencias deberían estar por encima de la libertad y realización personal?  

Es conocido que desde hace muchos años de la edad media la sociedad era poligamia y era normalmente aceptado; Incluso desde la misma biblia se observa y se justifica a la misma; La monogamia fue aceptada y difundida, por el catolicismo y protestantismo, el hinduísmo no se manifiesta al respecto de la misma, a favor o en contra, pero se considera como parte de ley del país de India (prácticante principal del hinduísmo). En los musulmanes es aceptado tener varias esposas pero la infidelidad es castigada fuertemente. En el budismo es mayoritariamente infundida la monogamia pero es aceptada la poligamia. Se unen las personas para obtener la bendición de un monje budista y en estos últimos está prohibido la sexualidad (como si no sintiesen deseos los monjes).

Al final sólo somos eso, simples humanos y debemos vivir con lo que nos sintamos mejor, así la mentira y la hipocrecía sea mayor, no importa si hay que seguir un sistema de códigos morales (llámese religión) para ser aceptados o si toca hacer muchos sacrificios personales, el inconsciente colectivo siempre 
alimenta ese pequeño ego que nos define y que es conocido como el superyó pero casi nunca es tenido en cuenta se olvida de ese gran gobernante de los deseos y pasiones, el ello.