domingo, 17 de enero de 2016

¡Dedicar tiempo a nuestra vida!



Gran parte de nuestros problemas del día a día se deben a una falta de orden en muchas cosas. La sociedad moderna trae consigo un sinfín de responsabilidades, deberes, pagos, familia, estudio, amor, vida personal y un gran etcétera que toca cumplir prácticamente de forma obligatoria, al menos para el ciudadano promedio. 

No es un proceso fácil autoevaluarse, requiere de gran objetivismo, pero haciendo el ejercicio de imaginarse cada uno como un juez estricto que tiene que coordinar y cambiar muchas cosas en ciertas situaciones y buscar la opción más conveniente. Un buen punto de partida es trazar un plano sobre los cambios que queremos efectuar en nosotros, se sigue con una dedicación de tiempo para ello, aún cuando en la vida diaria se carezca de éste mismo, se planea y se hace un esfuerzo de poco tiempo, quince, treinta, minutos, etc. Con la constancia y el hábito se logra lo que se quiere. Hasta el árbol más grande fue una planta pequeña y frágil de dos hojas, con constancia y dedicación creció.

Así como invertimos nuestro preciado tiempo en el trabajo, se debería invertir a la recreación, la rutina es perjudicial en todo sentido, un cambio en la rutina, no está mal, es una pausa para despejar la cuadriculada mente por la rutina y tomar el impulso que necesitamos. 

No es recomendable perder el tiempo en cosas que no resulten productivas a nuestra vida, roban el preciado tiempo que si bien se tiene la ilusión que parece demasiado, es recomendable saberlo utilizar y sobre todo en nosotros, no vivir el sueño de las demás personas. La vida en pareja y la familia supuestamente es un sueño conjunto, por eso invertir tiempo con la pareja y la familia es invertir en nosotros, la felicidad y la paz del entorno familiar traerán consigo felicidad a la individual. 

Nuestra ciclo de vida requiere un equilibrio conjunto, una revisión frecuente y redireccionar si es necesario, para evitar caer en el peligro. Hablando con personas ancianas y personas con enfermedades terminales, dejan una gran enseñanza: No compartir tiempo y buenos momentos con las personas que más amamos y dejar de hacer lo que nos gusta por falta de tiempo es un suicidio programado, algo que seguramente nos arrepentiremos toda la vida.